El otro día alguien se preguntaba si realmente el cambio de horario suponía un ahorro energético. Pues sí y no.

El ahorro se produce principalmente en verano, al cambiar la hora para hacer coincidir el comienzo de la jornada con la salida del sol. De otro modo, habría un tiempo de luz solar donde la mayoría de la gente seguiría durmiendo.

Ahora en invierno simplemente recuperamos nuestro horario real. No se puede mantener el horario de verano porque se trabajaría sin sol durante varias horas, lo que supondría un gasto innecesario.