Javier Armentia cuenta en su blog como fue la experiencia de ver las Leónidas el otro día. Siempre resulta un placer leer lo que escribe :).

He conseguido ver el pico de las Leónidas esta madrugada. Entre nubes, perdiéndonos casi todas, salvo las que tenían el detalle de recorrer algunas zonas de cielo que quedaban despejadas: unas por la zona de la Osa Mayor, otras hacia Orión, de repente se quedaba abierta la zona del León…

Estábamos desde las cuatro (o sea, las 3 TU), un poco desesperados, porque hacía un frío incómodo, mucho viento. La Luna iluminaba la capa de nubes, aunque no nos animábamos a jugar con las formas algodonosas buscando reconocer otras historias: queríamos ver meteoros. Y algunos se dejaban ver, incluso con las nubes por delante, vamos, que tenían un brillo descomunal). A eso de las 3:50 han comenzado a aumentar su flujo. Veíamos más y estábamos ya completamente excitados. Una, Otra, Ostia, Mira, Yeeeepa! y así. A ver quién podía recoger más. De 4:00 a 4:10 ha sido la fase más densa. Luego se ha vuelto a nublar y ya hemos decidido volver al calor de la cama.

Mientras tanto, hemos disfrutado como enanos del espectáculo que veíamos sobre nuestras cabezas. Tenía puesta la radio, Radio 1 de Radio Nacional, el programa “De la noche al día” de Manolo HH donde el propietario de Ciencia15 [ http://ciencia15.blogalia.com/ ] hace cositas semanalmente. Pero hoy no estaba Félix para contarnos historias emocionantes y divertidas, sino una imbécil de nombre Maria Luisa hablando de cómo mantener espiritualmente limpia una casa, afirmando estupideces como que un mueble guarda recuerdos de los sucesos que pasan en la casa. Que las paredes recogen esas “energías” y se las quedan, y pueden acabar haciéndonos incómodo vivir. Qué estupideces. Luego la gente llamaba para contar sus cuitas con los fenómenos de poltergeist y demás. Lo curioso es que unas veces era cosa de impregnaciones energéticas y otras de espíritus. O de espíritus que liberan energías o vete a saber qué: cuando uno cae en las creencias más tontas, todo vale, eso parece pensar la idiota esta que estaba ahí ocupando espacio en la radio.

No dejaba de ser increíble: el cielo nos estaba regalando uno de los espectáculos más maravillosos imaginables, y ahí, en la radio que todos pagamos, perdían el tiempo en fenómenos inexistentes y un tanto cutres. Afortunadamente, durante el máximo que hemos podido ver, teníamos las noticias. No había idiotas diciendo idioteces, pero nos contaban que el Prestige se había partido, que todo el petróleo puede salir por ahí, o está ya saliendo. Viendo lo que pasaba en el cielo, la sensación era extraña. Pero no dejaba de ser triste.