(Reproducción íntegra del artículo de Bernardo de Miguel y Alberto Ortín publicado el 3 de Marzo en 5dias.com)

El sistema europeo de radionavegación por satélite Galileo se encuentra estancado por las diferencias políticas en el seno de la UE. Por otro lado, las implicaciones militares del proyecto preocupan especialmente a EE UU, lo que entorpece las negociaciones para coordinar, en el futuro, el sistema europeo con el GPS estadounidense.

La cuenta atrás para el lanzamiento de Galileo se ha detenido peligrosamente. Por un lado, diferencias políticas en el seno de la UE impiden seguir adelante con el proyecto. Por otro, las negociaciones con EE UU para coordinar el sistema Galileo con el estadounidense GPS chocan por las implicaciones militares de los sistemas. La situación es tal que expertos consultados no esconden su pesimismo y su temor a que el ambicioso proyecto europeo pierda el rumbo.

Para entender por qué las disputas actuales entre estados de la UE amenazan con enterrar el proyecto Galileo -que recibió un espaldarazo sin fisuras, de cara al público, de los líderes europeos en la pasada Cumbre de Barcelona- hay que remontarse al año 2000.

Ese año Naciones Unidas abrió el plazo para que estados interesados optaran al uso de una frecuencia para enviar señales de radionavegación por satélite. Europa se adelantó en sus peticiones a China y EE UU. Pero la condición para acceder a esa frecuencia, que emplearía para mandar las señales vía satélite del programa Galileo, es que uno de los satélites esté operativo y en órbita en 2006. Si no, Europa perderá esa frecuencia. Para que un satélite operativo se encuentre entonces en órbita es imprescindible que la fase experimental se inicie a finales de este año o comienzos de 2004.

Por esta razón se corre el riesgo de perder el tren de los sistemas de localización por satélite al existir actualmente diferencias políticas en el seno de la UE. La parálisis llega al extremo de que ya apenas quedan ingenieros trabajando en el proyecto, según reconocen fuentes del sector.

El sistema Galileo será financiado por la Comisión Europea y la Agencia Espacial Europea. En cuanto a la CE, no hay problemas: cada país contribuirá dependiendo de su PIB. Pero la Agencia Espacial es un organismo independiente de la UE, por lo que, según explican fuentes relacionadas con las negociaciones, la financiación por países no está clara. ‘El deseo de invertir es tan alto que no se ponen de acuerdo’, comenta Luis Mayo, presidente de Galileo Sistemas y Servicios y director general de GMV. Ni siquiera existe acuerdo ‘sobre dónde se instalará la sede de Galileo’, señala Mayo.

Algunas fuentes comunitarias achacan el conflicto al atractivo económico de un proyecto casi único en el estancado mercado de las telecomunicaciones. La posibilidad de que Galileo reporte sustanciosos ingresos (se habla de un mercado valorado en 9.000 millones de euros) añade interés a la participación. Alemania e Italia se niegan a tener una presencia en el proyecto inferior al 25% de la inversión, pero estos porcentajes dejarían fuera a otros Estados interesados, como España, que aspira a mantener un 11% y al que se le pide que lo rebaje al 9%, explica Mayo.

En otros medios se teme que el enfrentamiento entre Berlín y Roma oculte diferencias más profundas: la querella que protagonizan Silvio Berlusconi y Gerhard Schröder coincide con las divisiones geoestratégicas que Europa sufre en otros terrenos de la relación con EE UU.

El uso militar envenena la negociación con EE UU

Washington, que por culpa de Galileo puede perder a partir de 2008 el monopolio que disfruta con el GPS, ha trasladado a la OTAN su inquietud por las repercusiones militares del proyecto.’La cooperación entre los dos sistemas, en todo caso, no será militar’, afirman rotundamente fuentes estadounidenses expertas en las negociaciones abiertas que se han entrevistado con sus homólogos españoles. La cooperación entre los dos sistemas es muy beneficiosa a efectos técnicos y comerciales. ‘Periódicamente nos entrevistamos con Boeing y Lockheed Martin para estudiar posibles colaboraciones’, revela Luis Mayo, presidente de GSS, el organismo que aglutina a las empresas españolas involucradas en Galileo (Aena, Casa, GMV, Hispasat, Indra, Sener y Alcatel Espacio). Pero el escollo militar es más importante en la actualidad que las diferencias técnicas o económicas. La administración Bush considera inaceptable que las aplicaciones del sistema europeo destinadas a seguridad y defensa empleen la misma frecuencia que la señal del GPS reservada para usos militares. La UE se niega a utilizar una banda con menor calidad y recuerda que las frecuencias no son propiedad de ningún país. El conflicto trasluce así el potencial uso militar de Galileo, una aplicación que la UE siempre ha intentado minimizar, pero que constituye una de las más evidentes de los sistemas de radionavegación. Los 30 satélites del programa europeo permitirían la localización de todos los efectivos militares dotados de un receptor adecuado. ‘Ni EE UU ni Europa están en realidad por la labor de hacer un desarrollo conjunto de elementos críticos’, dice Mayo. Cuando se pregunta a los expertos estadounidenses si creen que es posible integrar en un mismo sistema el GPS y el Galileo, todos sonríen.