Curioso libro que me acabo de terminar de leer. De la misma editorial de Happiness (el mejor libro que he leído este año) y con un cierto regusto a Paul Auster. Me ha gustado.
Fragmentos escogidos al azar, pero no mucho:
-Eso es porque has ido a la universidad- dijo Brendan-. Los jodidos estúpidos como yo lo llamamos envidia.
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Ir en un tren en movimiento y mirar por la ventana, había leído Daniel en alguna parte, es como tener sobre los hombros el peso de todos los pecados que se han cometido en la vida. algo le ocurría cuando iba en tren: solía comenzar como una ligera contemplación del pasado, pero por lo general no acababa allí. Dependiendo de su estado de ánimo y de la duración del viaje, le asaltaba de inmediato un fuerte deseo de reordenar su vida.
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Unos minutos después un buque contenedor surgió en el horizonte. Era un monstruo oxidado y beige, con la cubierta plana y una inscripción absurda en la proa, “Superioridad”. El niño pronunció en voz alta el nombre del barco.
-Sí- dijo Jeremy, alzando traviesamente la voz mientras lanzaba una mirada a la mesa en la que estaban ellos-. No se por qué, pero me imagino que ese barco es norteamericano.
Laura se dirigió al niño del cuaderno, que seguía a sus espaldas.
-¿Puedo hacerte una pregunta?- le dijo-. ¿Dónde pone el puerto de origen?
-En la popa- contestó el niño.
Laura volvió a contemplar el agua. Cuando pasó la parte trasera del barco, ella se levantó, se dirigió hacia el padre del niño y amable pero firmemente, le giró los hombros para que pudiera ver el estrecho segmento del río.
-Se que está usted borracho- le dijo- porque usted mismo lo ha dicho, pero ¿todavía es capaz de leer?
El no contestó. Su mujer, de aspecto lívido, se levantó y se dirigió a la ventana.
-“Superioridad”- leyó-. “Londres”.
-¿Cómo lo supo?- preguntó el comerciante a Laura, con tono conciliador.
-¿Que cómo lo supe? Déjeme hacerle una pregunta- dijo ella-: ¿se le ocurre algún otro país del mundo que tenga el descaro y el puñetero delirio de ponerse el prefijo de “Gran”?
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“Era capaz de una gran malicia y montaba fácilmente en cólera, sobre todo cuando le acusaban de no ser suficientemente fuerte y demasiado perezoso para la vida del crimen- escribió-. Como muchos de sus compatriotas en otros aspectos de la vida- agregó Daniel, pensando en el nepotismo que lo rodeaba en la oficina-, estaba atormentado por el odio que sentía contra sí mismo, derivado del hecho de haber escogido el camino de los verdaderamente mediocres: adoptar la profesión de su padre y hacerlo peor que él.”
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