Yo no se si habeis estado alguna vez en una discoteca de pueblo, de esas que se monta algún terrateniente de la comarca y donde acude todo kiski a ser rural, en el sentido más estricto de la palabra, y hacer lo que hacen los pastores: fichar ganado. Pues bien, esto es exactamente lo que hace el personal que acude a Cibeles, ficharse unos a otros. A las modelos no las considero ganado, porque de vacas tienen más bien poco.

Como he dicho, la primera sensación que tuve cuando entré el pabellón de Ifema donde se tendría lugar el desfile de Devota&Lomba, fue un poco esa, como de nave industrial paleta. Y no es porque una no haya estado en los pabellones de Ifema, que me chupo el Iberjoya todos los años y la cosa luce bien distinta.

En este caso, no se si por esto de darle un look muy fashion al asunto, todo el pabellón estaba a oscuras: las paredes, el suelo, las gradas, todo negro, que adelgaza.

En medio del pabellón, como una especie de búnker super nazi, está la pasarela, propiamente dicha. Desde fuera de este bunker nada se ve, porque está flanqueada por tres gradas: dos a los lados y una frontal (donde están todos los fotógrafos y las cámaras de televisión).

En las de los lados se sitúa la prensa y los invitados. Pero no juntos, qué va, ni revueltos: cada uno en su lado de la pasarela, que siempre ha habido clases.

Las gradas de la prensa se reconocen fácilmente porque hay cartelitos reservando los asientos (jerárquicamente, las directoras de las revistas y los VIPS bien delante, los estilistas de chichinabo y modernillos recién llegados, bien detrás) y un regalo estupendo en cada silla. Las gradas de la plebe (las de enfrente, al otro lado de la pasarela) se reconocen porque sobre cada asiento había una muestra de perfume de esas que te dan en la droguería cuando te compras una lima de uñas y una crema post-depilación. Y nada más.

Da mucha risa cuando te sientas, porque los de la grada de la prensa miran hacia la grada de la plebe, por si hubiera alguien interesante a quién criticar, mientras que los de la grada de la plebe se comen con los ojos a los de la grada de la prensa y critican también todo lo que pueden. Y todo esto separados por la pasarela, que impide cualquier contacto que no sea visual.

Luego se apagan las luces y empieza a sonar la música a todo trapo (de nuevo ese nave-feeling). Ya con este ambiente creado, comienzan a desfilar unos seres que dicen ser modelos pero que en realidad son el resultado de mezclar el adn de una una grulla con el de un extraterrestre de Cocoon. Sin tetas (literal), sin culo (literal), sin muslos (literal) y caminando de una manera que deben haberles enseñado en alguna parte, porque esos andares de natural no te salen a menos que tengas una artrosis ya avanzada: el cuello muy estirado hacia delante, haciendo ángulo con una espalda chepada y una pélvis también como muy adelantada. Una imagen muy púbica y muy geométrica, vamos.

Luego, las piernas, que son entes independientes del tronco, se alargan infinitamente hasta encontrar unos zapatos de taconazo que a su vez se alargan también para encontrar el suelo. Una elevanción tremenda, casi espiritual.

Mientras, ellas caminan levantando las rodillas como, no se, como si estuvieran pisando mierdas todo el rato. O vendimiando.

Yo deduzco que este desgarbo tiene que tener una explicación estética muy estudiada, una especie de efecto óptico infalible: supongo que, vistas de frente, dan el pego. Y como de frente están las cámaras y tal, pues estos escorzos que ponen en riesgo todas sus articulaciones finalmente dan en la cámara una imagen muy estupenda. Digo yo. Porque yo no tengo ni idea, que yo sólo las he visto de perfil y, seguramente, del perfil malo (el que se ve desde las gradas de la plebe). En cualquier caso, yo me ciño a mi visión del asunto y, si no, que me hubieran dado un pase de prensa.

Pues como he dicho, mi visión del asunto es más bien terrorífica, porque no alcanzo a entender qué hay de estilo ni de glamour ni de feminidad en todo este despropósito que llaman moda. Hubiera agradecido, de verdad, un poco de rollo cultureta, algo supuestamente artístico, no se, cualquier excusa que me ayudara a superar la sensación de sinsentido.

Pero claro, eso es lo que hizo (y sigue haciendo) David Delfín el año pasado (cuando sacó a sus modelos semi-amortajadas) y casi le arrojan las muestras de perfume a la cabeza desde las gradas.

Finalizado el desfile, y como era de esperar ( a otros les habrán engañado, pero yo he estado muchas veces en la nave industrial de mi pueblo y tengo, como se dice, horas de vuelo), en la nave adyacente a la nuestra, daban cubatas. Supongo que para llenar de alcohol el vacío existencial que nos acababan de crear con la tontería. Eran las once de la mañana, pero había mucha gente disfrutando del rollito “after”.

Nosotras huimos despavoridas. Lo dicho.