(Publicado por MadrI+D)

Tras dos años de «pelear» contra un hecho insoslayable, que Francia es la primera potencia nuclear europea y tiene uno de los equipos de fusión más avanzados del mundo, el Gobierno constató que una mayoría de países de la UE se decantaba por la candidatura de Cadarache y optó por «sumar esfuerzos para que el ITER se instale en Europa», en palabras del ministro de Ciencia, Juan Costa.

No era un gesto político fácil, porque nada impedía a España forzar una votación en la que la candidatura francesa posiblemente hubiera quedado primera, pero sin alcanzar la mayoría cualificada requerida. Un bloqueo de ese tipo habría afectado gravemente a las esperanzas europeas de ganar la competición con las otras sedes propuestas, la japonesa de Rokkasho-Mura y la canadiense de Clarington.


«La reunión entre Tony Blair y Jacques Chirac fue clave para que España decidiera el martes retirar su candidatura y negociar con Francia», relataron fuentes diplomáticas. El resultado de estas discusiones no es menor: España y, más concretamente, Tarragona, albergará la Agencia Europea de Fusión, un centro que se creará en febrero o marzo del año próximo y que estará encargado de coordinar la financiación, la contratación y las decisiones industriales del ITER durante las fases de construcción y de explotación. «El cuerpo será Cadarache y el cerebro tecnológico estará en España», ilustraron fuentes españolas, según las cuales la Agencia coordinará inversiones de un total cercano a 2.000 millones de euros y el esfuerzo futuro en I+D en las tecnologías de fusión nuclear en la Unión Europea.

Además, sus socios europeos garantizaron a Costa que uno de los dos directores generales que corresponden a Europa en el ITER, de un total de siete altos directivos, será español.

«Estamos en presencia de un partenariado» franco-español, explicó la ministra de Ciencia italiana y presidenta de turno del Consejo de Ministros de la UE, Letizia Moratti, satisfecha por una decisión «que relanza a Europa en la política nuclear». La misma euforia compartió el comisario europeo de Investigación, Philippe Busquin, que será el encargado de defender la candidatura en la reunión del consorcio internacional del ITER del próximo 20 de diciembre en Washington.

LA MEJOR DECISIÓN

Costa opinó que se trataba de «un acuerdo fantástico desde el punto de vista estrictamente español», «la mejor decisión», porque «es la que suma, la que une y la que nos coloca en mejores condiciones a los europeos» para ganar la sede del ITER. Aunque «habría preferido Vandellós», la solución pactada «es una joint venture» en la que franceses y españoles «compartiremos responsabilidades y protagonismo». Costa y su homóloga francesa, Claudie Haigneré, dieron una imagen (insólita unos días antes) de sintonía y hasta cariño. Según la francesa, el desenlace de ayer fue «un gran momento de convergencia europea». Algo muy distinto del desagradable episodio vivido apenas 24 horas antes en el mismo edificio con los ministros de Economía y el empeño de Francia y de Alemania para hacer tabla rasa de sus compromisos con sus socios a través del Pacto de Estabilidad. Haigneré no quiso responder a ninguna pregunta sobre la diferencia de actitud en uno y otro asunto.

Prefirió ensalzar la francesa la «bella aventura» para «conquistar la energía del sol» y la «relación muy cercana de Francia y de España», al menos en los temas de Ciencia. Costa subrayó ese «esfuerzo de generosidad» de España que permitió «sumar todo lo importante que puede aportar Europa» y al mismo tiempo garantiza «un papel importante para España», aunque no el principal.

El ministro español informó inmediatamente al presidente del Gobierno, José María Aznar, que respaldó la decisión y se mostró partidario de situar en Cataluña la Agencia Europea de Fusión, por su cercanía a Francia, informó Costa. Este centro contará con cien trabajadores y tendrá una dotación anual en torno a cien millones de euros.

La Comisión Europea ha previsto una contribución para los próximos cuatro años de 750 millones de euros para la fusión en general y para el ITER en particular, sobre un presupuesto total de 1.250 millones para investigación nuclear. El reparto de costes a nivel internacional será decidido antes del final de año pero la UE ya ha avanzado que estudia aportar entre el 20 y el 30 por ciento, más el 10 por ciento que debe desembolsar Francia si la elección recae en Cadarache.

UNA MANIOBRA FALLIDA

El Gobierno intentó la semana pasada reequilibrar la competición aumentando su oferta financiera de 450 a 900 millones de euros, esperando atraer a los países más atentos a la factura. El ITER necesita 4.570 millones de euros en su fase inicial de construcción (10.000 en total), que arrancará a principios de 2004. Unos 1.500 científicos de todo el mundo se incorporarán al laboratorio progresivamente y se calculan en unos 10.000 los empleos directos que generará.

Con la realización del ITER, la comunidad científica acariciará uno de sus mayores sueños: dominar la energía del sol y las estrellas. La idea es sencilla en teoría, pero enormemente difícil de llevar a la práctica. La fusión de núcleos de átomos de elementos ligeros (hidrógeno y sus isótopos: el deuterio y el tritio) da lugar a elementos más pesados y la reacción libera un caudal enorme de energía. Estos elementos, además, son abundantes en la naturaleza, en el agua misma.